Maicito migrante, 2025
Lana, nylon y algodón

En 2025 sembré una pequeña semilla de maíz andino en el patio de Micaela, la casa que me abrigó durante un año y medio en Londres, Reino Unido.

El maicito creció alto, pero la mazorca que dio fue muy pequeña. Aunque no produjo los frutos que esperaba, cada vez que salía al patio a visitarlo, su presencia me transportaba a Ecuador.

Esta obra surge de esa experiencia y de la relación afectiva con una planta que, al igual que yo, había sido desplazada de su territorio. Maicito migrante habla de los vínculos que construimos con nuestras raíces, de la migración y de la posibilidad de encontrar pequeños espacios de pertenencia lejos de casa.